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Convenio de Escazú

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Convenio de Escazú
NombreConvenio de Escazú
Firma4 de marzo de 2018
LugarSan José, San José
Tipotratado regional ambiental
Temaderechos ambientales, acceso a la información, participación, justicia ambiental
Entrada en vigor22 de abril de 2021
PartesEstados de América Latina y el Caribe

Convenio de Escazú. El Convenio de Escazú es un tratado regional firmado en San José entre Estados de América Latina y el Caribe que establece obligaciones sobre acceso a la información, participación pública y justicia en asuntos ambientales, así como medidas de protección para personas defensoras del medio ambiente. Su negociación y adopción involucraron a múltiples actores internacionales, incluidos organismos intergubernamentales, organizaciones no gubernamentales y agencias de las Naciones Unidas, y se enmarca en procesos previos como la Declaración de Río sobre el Medio Ambiente y el Desarrollo y la Comisión Económica para América Latina y el Caribe.

Historia y negociación

La negociación del tratado tuvo raíces en conferencias como la Conferencia de las Naciones Unidas sobre el Medio Humano y la Cumbre de la Tierra de Río de Janeiro (1992), y recibió apoyo técnico de la Comisión Económica para América Latina y el Caribe y del Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente. Delegaciones de países como Argentina, Brasil, Chile, Colombia, México y Costa Rica participaron junto a representantes de la sociedad civil como Greenpeace, WWF, Amnistía Internacional y coaliciones regionales. El proceso incluyó encuentros en foros como la Reunión de Ministros de Medio Ambiente de América Latina y el Caribe y consultas con universidades reconocidas como la Universidad de Costa Rica y la Pontificia Universidad Católica de Chile. Actores judiciales como cortes constitucionales, parlamentos nacionales y comisiones legislativas influyeron en la redacción a través de referencias a los marcos jurídicos de países miembros y pronunciamientos de la Corte Interamericana de Derechos Humanos.

Contenido y disposiciones clave

El texto incorpora obligaciones sobre acceso a la información ambiental, participación pública en decisiones ambientales y acceso a la justicia en asuntos ambientales, alineándose con principios establecidos por la Declaración de Río sobre el Medio Ambiente y el Desarrollo y prácticas de la Convención de Aarhus. Contiene capítulos sobre protección de defensores ambientales, medidas de transparencia en entes como Ministerio de Ambiente (varios países), obligaciones para agencias regulatorias y establecimiento de mecanismos de cumplimiento similares a los de la Convención Marco de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático en materia procedimental. El convenio establece derechos vinculantes para particulares y comunidades, articula responsabilidades estatales y referencias a estándares de organismos como el Banco Interamericano de Desarrollo y la Organización de Estados Americanos.

Ámbito de aplicación y partes participantes

El tratado se aplica a los Estados de América Latina y el Caribe que lo suscriban y ratifiquen, incluyendo a países como Bolivia, Ecuador, Perú, Uruguay y Panamá entre otros. Partes no estatales involucradas en su implementación incluyen organizaciones no gubernamentales transnacionales como IUCN, redes académicas como la Red de Derecho Ambiental de América Latina y agencias multilaterales como el Fondo Verde para el Clima y la UNESCO en aspectos técnicos. El convenio interactúa con instrumentos subregionales como la Comunidad Andina y la Caricom.

Implementación y mecanismos de cumplimiento

El mecanismo de cumplimiento contempla medidas de cooperación técnica, asistencia internacional y seguimiento por instancias designadas por los Estados parte, con participación de expertos de instituciones como la Organización de las Naciones Unidas y la Comisión Interamericana de Derechos Humanos. Prevé la creación de informes periódicos, procedimientos de consulta y posibles consultas entre partes, además de fomentar la adopción de legislación nacional congruente en parlamentos y cortes constitucionales. Se prevén también capacitaciones dirigidas por universidades y centros de investigación, cooperación con bancos multilaterales como el Banco Mundial para proyectos de fortalecimiento institucional, y la integración de mecanismos alternativos de resolución de controversias inspirados en prácticas de la Corte Internacional de Justicia en materia procedimental.

Impacto en la participación pública y acceso a la justicia ambiental

La entrada en vigor buscó fortalecer el rol de organizaciones de la sociedad civil como Fundación Ambiente y Recursos Naturales, activistas vinculados a movimientos indígenas como Consejo Indígena de Gobierno y comunidades locales en procesos de consulta previa relacionados con proyectos extractivos respaldados por empresas como Codelco o Petrobras. Ha influido en decisiones judiciales en jurisdicciones como las cortes suprema de Perú y Chile, y ha sido invocado en litigios ambientales asociados a megaproyectos, servidumbres y derechos territoriales, complementando instrumentos regionales como la Convención Americana sobre Derechos Humanos.

Críticas, retos y controversias

Críticas provinieron de sectores empresariales, cámaras de comercio y algunos ministerios señalando posibles impactos en la inversión foránea y en procesos de licenciamiento relacionadas con actores como Confederación de la Producción y del Comercio (Chile). Organizaciones ambientalistas han advertido sobre la insuficiente protección real para defensores frente a violencia vinculada a megaproyectos gestionados por corporaciones transnacionales como Glencore o Barrick Gold. Otros retos incluyen la implementación desigual entre Estados con sistemas judiciales divergentes como Honduras, Guatemala o Nicaragua y la necesidad de recursos financieros de fuentes como el Banco Interamericano de Desarrollo para cumplimiento efectivo.

Ratificación, entrada en vigor y estado actual de adhesión

El instrumento fue abierto a firma en San José y alcanzó el quórum necesario para su entrada en vigor el 22 de abril de 2021 tras las ratificaciones de varios Estados parte, incluyendo a Costa Rica, México, Ecuador y Argentina. Desde entonces, más países han iniciado procesos de firma y ratificación en parlamentos nacionales y cámaras de diputados, con algunos debates legislativos en asambleas nacionales y tribunales constitucionales. La adhesión continúa en evolución con campañas de promoción por parte de organismos como la Comisión Económica para América Latina y el Caribe y ONG internacionales.

Category:Tratados ambientales