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| FET y de las JONS | |
|---|---|
| Name | Falange Española Tradicionalista y de las Juntas de Ofensiva Nacional Sindicalista |
| Native name | Falange Española Tradicionalista y de las JONS |
| Abbreviation | FET y de las JONS |
| Founder | Francisco Franco (unification decree) |
| Founded | 19 de abril de 1937 |
| Dissolved | 1977 (legal disolución) |
| Headquarters | Madrid |
| Ideology | Falangismo, Nacionalcatolicismo, Autoritarismo, Nacionalismo español |
| Position | Extrema derecha |
| Country | Spain |
FET y de las JONS fue la organización política única oficial durante gran parte del Franquismo; creada por decreto de Francisco Franco para unificar a la Falange Española de las JONS y a las organizaciones carlistas en plena Guerra Civil Española. Surgió en el contexto de la guerra entre el levantamiento militar de José Sanjurjo (mencionado en la conspiración) y los frentes del Ejército del Norte y del Ejército del Sur, y operó como aparato estatal hasta la transición posterior a la muerte de Franco.
La creación de la organización respondió a dinámicas de la Guerra Civil Española entre facciones como la Falange Española de las JONS, los Carlistas, y sectores del Ejército de África; el decreto de 19 de abril de 1937 buscó reconciliar a figuras como José Antonio Primo de Rivera, Ramón Serrano Suñer, Manuel Hedilla y a los jefes carlistas vinculados a Tomás Domínguez Arévalo y Jaime del Burgo. Durante la contienda, la nueva formación se integró en la estructura del Movimiento Nacional junto a instituciones militares como el Cuartel General del Generalísimo y organismos civiles como el Sindicato Vertical, influyendo en decisiones tomadas en reuniones con actores como Heinrich Himmler (contactos internacionales) y diplomáticos de Italia fascista y Alemania nazi.
La doctrina combinó elementos de Falangismo con el tradicionalismo carlista y la ortodoxia de Nacionalcatolicismo promovida por sectores de la Iglesia Católica; intentó sintetizar postulados de José Antonio Primo de Rivera con referencias al pensamiento de Ramiro Ledesma Ramos y a la herencia del Carlismo. Su discurso repudió el liberalismo representado por partidos como Partido Republicano Radical y el Partido Socialista Obrero Español y se mostró hostil a movimientos como CNT y UGT, proponiendo un Estado corporativo inspirado en modelos concurrentes en Italia fascista y las propuestas de intelectuales vinculados a Juan Aparicio o Onésimo Redondo.
Tras el decreto unificador, el liderazgo formal quedó en manos de Franco como Jefe del Estado y Caudillo, con dirigentes nominales procedentes de la vieja Falange como Manuel Hedilla y del aparato carlista como José Luis Zamanillo; cargos administrativos se articularon en torno al Consejo Nacional y al Secretariado General del Movimiento, vinculando a ministros de la época como Serrano Suñer y a autoridades provinciales como gobernadores civiles de Sevilla y Barcelona. La estructura incluyó jerarquías locales con jefes provinciales y concejales afines, y presentó tensiones con oficiales del Ejército y tecnócratas posteriores procedentes de entidades como el Opus Dei.
La organización funcionó como instrumento de control político en la posguerra, canalizando nombramientos en ministerios como Ministerio de la Gobernación, supervisando el Sindicato Vertical, y gestionando políticas culturales y educativas en colaboración con instituciones como la Universidad Complutense de Madrid y los obispados regionales. Intervino en represión política junto a fuerzas como la Guardia Civil y la Policía Armada, participó en proyectos de propaganda con medios como Prensa Española y radios vinculadas al Estado, y legitimó legislaciones como las Leyes Fundamentales promulgadas por Franco, en diálogo con juristas y ministros del régimen.
Aunque la organización no compitió en unas elecciones pluripartidistas durante gran parte del régimen, su base social combinó a veteranos de la División Azul, militantes de la antigua Falange Española de las JONS, elementos carlistas y capas conservadoras de la Iglesia Católica y la burguesía industrial de provincias como Vizcaya y Valencia. Recibió apoyo de empresarios vinculados a grupos como SEAT y familias vinculadas a la banca regional, y contó con militancia juvenil organizada en asociaciones hermanas como la Juventud Sindicalista.
Adoptó símbolos procedentes de la Falange, como la bandera de dos franjas y el emblema yuntasales y flechas heredado del tradicionalismo; utilizó himnos y obras emblemáticas asociadas a figuras culturales como José María Pemán y mostró afinidad con monumentos conmemorativos erigidos en ciudades como Madrid y Pamplona. La propaganda estatal se articuló en torno a publicaciones y empresas culturales vinculadas a editores como Editora Nacional y cadenas radiofónicas estatales, promoviendo iconografía comparable a la exhibida en actos oficiales con presencia de ministros y jefes de provincia.
El legado de la organización sigue siendo objeto de debate en instituciones como el Congreso de los Diputados y en tribunales que han abordado la memoria histórica, con controversias sobre símbolos en el espacio público, fosas comunes y exhumaciones asociadas a la Guerra Civil Española y la dictadura. Movimientos de memoria como Armando Lozano (colectivos y autores vinculados al tema) y plataformas ciudadanas han requerido la retirada de monumentos y cuestionado honores otorgados a figuras del régimen; el proceso de transición y leyes como la Ley de Memoria Histórica han buscado regular vestigios de aquella etapa, generando debates entre partidos contemporáneos como Partido Popular, PSOE, Vox y formaciones regionales.