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| Perú (Virreinato del Perú) | |
|---|---|
| Conventional long name | Virreinato del Perú |
| Common name | Perú |
| Status | Viceroyalty |
| Empire | Spanish Empire |
| Era | Early Modern period |
| Government type | Viceroyalty |
| Year start | 1542 |
| Year end | 1824 |
| Event start | Creación por Real Audiencia |
| Event end | Batalla de Ayacucho |
| Capital | Lima |
| Religion | Roman Catholicism |
| Currency | Spanish dollar |
Perú (Virreinato del Perú) fue una entidad territorial del Imperio español en Sudamérica establecida en el siglo XVI que concentró vastos recursos minerales, centros urbanos y redes administrativas. Presidido por un Virrey dependiente de la Corona española y articulado mediante audiencias, corregimientos y encomiendas, el virreinato articuló relaciones entre poblaciones indígenas, mestizas y europeas y enlazó rutas comerciales transoceánicas con puertos como Callao y ciudades como Cuzco y Arequipa.
La creación del virreinato estuvo precedida por la conquista de Tawantinsuyu por Francisco Pizarro y la captura del Inca Atahualpa, vinculada a expediciones de Diego de Almagro y campañas militares en la sierra y la costa. En 1542 la Corona española promulgó las Leyes de Burgos y más tarde las Leyes Nuevas que afectaron las encomiendas, mientras que la instauración de la Real Audiencia de Lima y del virrey resolvieron disputas con audiencias de Charcas y Quito. Durante el siglo XVII el virreinato enfrentó la rebelión de Túpac Amaru II y resistencias en los Andes, así como la consolidación de instituciones como el Consulado de Comercio y la expansión de minas como Potosí y Huancavelica. El siglo XVIII introdujo las reformas borbónicas impulsadas por ministros como José de Gálvez y Pedro Rodríguez de Campomanes, que reorganizaron intendencias, impuestos y la Real Hacienda, provocando tensiones que desembocaron en movimientos independentistas vinculados a figuras como José de San Martín y Simón Bolívar y batallas decisivas como Junín y Ayacucho.
El virrey, representante de la Corona española y nombrado por el Monarca de España, residía en Lima y ejercía jurisdicción sobre audiencias como la de Lima, Charcas, Quito y Cuzco; estas audiencias coexistían con corregimientos y cabildos municipales de ciudades como Arequipa, Trujillo y Huánuco. La administración incorporó instituciones reales como la Casa de la Contratación (enlazada con el tráfico de flotas), la Real Hacienda y el Consulado de Comerciantes, además de la Red de Intendencias creada por las reformas borbónicas para centralizar recaudación y control fiscal. El sistema de encomiendas y las obligaciones de mita en minas como Potosí y Cerro de Pasco configuraron las relaciones de trabajo interregionales, mientras que órdenes religiosas como los jesuitas y los dominicos gestionaban doctrinas y reducciones poblacionales.
La economía se articuló en torno a la minería de plata en Potosí y la producción de mercurio en Huancavelica, que alimentaron la real hacienda y el comercio trasatlántico con la Casa de la Contratación y el sistema de flotas desde Sevilla hacia puertos como Callao y Cartagena de Indias. Las haciendas agrícolas y ganaderas en valles costeños y andinos produjeron trigo, caña de azúcar, algodón y ganado, vinculadas a mercados en Lima, Cuzco y el Virreinato del Río de la Plata. El contrabando con potencias como Inglaterra, Holanda y Francia desafiaba los monopolios, mientras que el desarrollo de manufacturas locales y talleres artesanales en centros como Arequipa y Trujillo respondió a las restricciones mercantiles. El sistema de plata propició circuitos de crédito y compañías comerciales representadas por comerciantes criollos y peninsulares inscritos en el Consulado de Lima.
La población combinó poblaciones indígenas como los quechua y aymara, descendientes africanos traídos por el comercio de esclavos, criollos peninsulares y comunidades mixtas (mestizos), formando una estructura estamental con castas reconocidas en registros de cabildos y parroquias. Las reducciones indígenas, las doctrinas franciscanas, dominicas y jesuitas y la persistencia de autoridades indígenas locales (curacas) condicionaron la organización comunitaria en regiones como el altiplano, la sierra y la costa. Epidemias introducidas tras la conquista y los efectos de la mita en minas como Potosí contribuyeron a fluctuaciones demográficas documentadas en repartimientos y padrones, mientras que migraciones internas y movimientos forzados alteraron la distribución poblacional entre ciudades como Lima, Cuzco, Arequipa y puertos del litoral.
La Iglesia católica, arzobispados como Lima y órdenes religiosas (jesuitas, franciscanos, dominicos) jugaron roles centrales en evangelización, educación y la creación de instituciones como colegios y hospitales; figuras eclesiásticas y universidades contribuyeron a la vida intelectual junto a impresores y talleres como los de Lima y Cuzco. La cultura virreinal combinó tradiciones indígenas (textiles, cerámica, música andina) con expresiones barrocas en arquitectura y pintura de escuelas virreinales influenciadas por artistas y talleres que produjeron obras para iglesias y procesiones religiosas. Las festividades religiosas y sincretismos locales integraron devociones marianas, cultos a santos y prácticas indígenas, mientras que la prohibición de prácticas nativas por parte de tribunales eclesiásticos generó procesos de resistencia cultural y adaptación.
El periodo registró conflictos armados y protestas sociales, desde enfrentamientos coloniales con grupos indígenas durante la conquista hasta rebeliones de gran escala como la de Túpac Amaru II y episodios insurreccionales en el Alto Perú y el Cuzco. Rebeliones de encomenderos y pleitos en audiencias, así como motines urbanos en Lima y levantamientos en haciendas y minas, reflejaron tensiones por fiscalidad, reclutamiento de mano de obra por mita y reformas borbónicas promovidas por personajes como José de Gálvez. En el proceso independentista intervinieron expediciones y líderes extra-regionales como José de San Martín desde el Río de la Plata y la campaña libertadora de Simón Bolívar desde el norte, culminando en combates decisivos como Junín y Ayacucho.
Las instituciones administrativas, las redes comerciales y las infraestructuras urbanas del virreinato legaron estructuras a las nuevas repúblicas de América del Sur, influyendo en la organización fiscal, la propiedad de la tierra y las élites criollas que participaron en los procesos independentistas. La disolución formal culminó tras las campañas de San Martín y Bolívar y la derrota de las tropas realistas en la batalla de Ayacucho, dando paso a estados independientes como la República del Perú y la reorganización territorial en entidades como Bolivia y el Ecuador. El legado cultural, arquitectónico y lingüístico persiste en ciudades como Lima, Cuzco y Arequipa, y en prácticas sociales y religiosas heredadas del periodo virreinal.
Category:Viceroyalties of the Spanish Empire Category:History of Peru