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| Cisma de Occidente | |
|---|---|
| Name | Cisma de Occidente |
| Native name | Cisma de Occidente |
| Date | 1378–1417 |
| Location | Roma; Aviñón; Constanza; Pavía |
| Cause | Disputas electivas y políticas entre monarquías europeas |
| Result | Elección papal única en el Concilio de Constanza |
Cisma de Occidente fue una crisis de autoridad en la Iglesia católica que dividió a Occidente entre papas rivales desde 1378 hasta 1417. El conflicto involucró a la Santa Sede, la Curia romana, la Corte papal de Aviñón, la Monarquía francesa, el Sacro Imperio Romano Germánico y diversas cortes italianas, afectando a los reinos de Inglaterra, España (Reinos de Aragón y Castilla), Portugal, Hungría, Bohemia y las repúblicas marítimas como Venecia y Génova. La crisis tuvo dimensiones teológicas, diplomáticas y militares que intersectaron con figuras como el antipapa Benedicto XIII (antipapa), el antipapa Clemente VII (antipapa), el papa Gregorio XI, el papa Inocencio VI y el rey Carlos VI de Francia.
Las raíces se remontan a la residencia papal en Aviñón (1309–1377) durante el papado de Clemente V, influyendo en la relación entre la monarquía francesa y la Santa Sede. El traslado de la sede pontificia y la conducta de la Curia romana provocaron tensiones con estados como el Sacrum Imperium Romanum y las ciudades italianas, así como con órdenes religiosas como los dominicos y los franciscanos. La crisis se enmarca tras episodios como el Gran Cisma Avignonés y las políticas de reinos como Francia bajo Carlos V de Francia y Carlos VI de Francia, y las presiones derivadas de la Guerra de los Cien Años entre Inglaterra y Francia. Figuras e instituciones como el papa Gregorio XI, el cardenal Pierre Roger de Beaufort, la familia Orsini, la familia Colonna y la República de Florencia fueron cruciales en la polarización previa.
Tras la muerte de Gregorio XI en 1378, la elección de Urbano VI en Roma desató rechazo entre la facción francesa de cardenales, que proclamaron antipapa a Clemente VII en Aviñón. La división generó alineamientos diplomáticos: la Corona de Francia, el Reino de Escocia, el Reino de Nápoles y la República de Siena apoyaron a Clemente VII, mientras que la Corona de Inglaterra, el Sacro Imperio Romano Germánico y la República de Venecia respaldaron a Urbano VI y a sus sucesores romanos. El conflicto provocó episodios militares y políticos con protagonistas como el rey Ricardo II de Inglaterra, el rey Juan I de Castilla y el rey Enrique IV de Castilla, así como intervenciones de príncipes electorales del Imperio romano germánico y la ciudad-estado de Milán.
Los papados rivales incluyeron a la obediencia romana con papas como Urbano VI, Bonifacio IX, Inocencio VII y Gregorio XII, y la obediencia de Aviñón con antipapas como Clemente VII (antipapa) y Benedicto XIII (antipapa). Intentos conciliatorios y sínodos se sucedieron: el Concilio de Pisa (1409), convocado por cardenales disidentes como Pietro Filargo y apoyado por reinos y ciudades como Francia y Génova, eligió a Alejandro V y luego a Juan XXIII (antipapa), complicando más la situación. Figuras intelectuales y eclesiásticas como Guillaume de Nogaret, Jean Gerson, Pierre d'Ailly y órdenes como los carmelitas participaron en debates sobre la legitimidad pontificia y la teoría conciliar, conectando con universidades como la de París y la de Oxford.
La división papal debilitó la autoridad de la Santa Sede en litigios dinásticos y tratados, afectando a tratados como los arreglos entre la Corona de Aragón y la Corona de Castilla, además de las relaciones con la Hansa y los principados del Báltico. La crisis incentivó discensiones doctrinales que alimentaron movimientos reformistas vinculados a figuras como John Wycliffe y a las preocupaciones de la Universidad de Praga; en Bohemia surgieron redes que conectaron con Jan Hus y con las reformas proto-protestantes. Los poderes seculares, incluidos el duque de Burgundia y el rey de Portugal, utilizaron la división para reforzar su control sobre beneficios eclesiásticos, mientras que ciudades como Florencia, Milán y Siena maniobraron diplomáticamente para favorecer a una u otra obediencia.
La resolución llegó con el Concilio de Constanza (1414–1418), donde participaron teólogos y delegados de instituciones como la Universidad de Padua, la Universidad de Praga y representantes de reinos como el Sacro Imperio Romano Germánico, la Corona de Francia y la Corona de Inglaterra. Bajo la influencia de príncipes como el emperador Sigismundo de Luxemburgo y con la mediación de teólogos como Pierre d'Ailly y Jean Gerson, el concilio logró la renuncia o deposición de los papas rivales: la abdicación de Gregorio XII fue coordinada, la deposición de Benedicto XIII (antipapa) y la renuncia de Juan XXIII (antipapa) precedieron a la elección de Martín V. El proceso implicó mecanismos jurídicos inspirados en precedentes conciliares y en el derecho canónico manejado por juristas vinculados a la Escuela de Bolonia.
El final del cisma reafirmó la primacía romana con la elección de Martín V, pero fortaleció la corriente conciliar representada por teólogos como Conciliarismo (movimiento) y por autores como Marsilio de Padua en debates institucionales. El episodio dejó lecciones en la relación entre la monarquía francesa y la Santa Sede, condicionando el galicanismo y las concordias posteriores entre la Corona de Francia y la Santa Sede, así como reformas administrativas en la Curia romana. El cisma contribuyó a un clima intelectual que precedió a la Reforma protestante con vínculos indirectos a figuras posteriores como Martín Lutero y a movimientos en Inglaterra y Alemania, y motivó cambios en el papado, en el derecho canónico y en la práctica conciliar que influyeron en sínodos nacionales y en el desarrollo de instituciones como la Inquisición española y los concilios regionales en España y Italia.
Category:Cismas en la Iglesia católica